La historia del fletero que se sentía viejo a los 35 y el papelito que le permitió resetear su vida e inspirar a otros

Alberto Villalustre le contó a República Z el cambio que impulsó en su vida una nueva oportunidad laboral. Cómo pasó de ser una persona estresada y vencida por las circunstancias a un ejemplo de superación para todo su entorno, incluido su hijo. https://cdn.jwplayer.com/previews/xTeUoPgv

Entrevista a Alberto Villalustre para República Z

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A los 35 años Alberto Villalustre era fletero. Tenía su propio vehículo y había estado al frente de otros negocios: una panadería, una confitería. Nunca le había faltado trabajo – le cuenta a República Z-, sin embargo, no tenía grandes perspectivas a futuro. Se sentía defraudado, herido por malas experiencias, situaciones que fueron más allá de una pérdida económica o por un negocio mal hecho. “Hay decepciones de amistades, familiares, que te van cada vez aislando y hundiendo un poquito más. Lo que duele es lo humano. Se te va metiendo el ‘no’ en la cabeza. Porque si un amigo me llevó a esto, qué me espera. Y mirás para atrás y te encontrás cada vez más solo”, relata sobre el difícil momento que estaba transitando antes de conseguir ese trabajo fijo que tanto anhelaba, que marcó un antes y después en su vida.

—Si te traiciona un amigo, te traiciona el resto de la humanidad básicamente

— Tal cual. De hecho, hoy todavía me cuesta confiar. Pero lo que hizo esta parte nueva de mi vida fue devolverme la confianza, me devolvió un montón de cosas.

Alberto Villalustre había logrado comprarse un camión

Hace casi 10 años, sin proponérselo, Alberto consiguió empleo en YPF. Dice que muchas personas suelen preguntarle una y otra vez ‘¿Cómo entraste?’

— ¿Y cómo entraste? ¿Qué hiciste?

— Fue re loco porque entré porque Dios fue grande. Es grande. Me encontraba haciendo un re-despacho, que es cuando llevas la mercadería de un cliente a un expreso que después la lleva a la provincia. Siempre uno va a los mismos expresos y conoce a la gente. Había una persona que yo siempre me la cruzaba y yo andaba en esos días, protestando, enojado.

— Enojado con todo.

— Sí, sí. ¿Quién no? Hay días que te levantás re contento. Y hay días que no. Esa persona se me acerca. Yo hablaba con él. Y me preguntó ¿Ché Beto, qué pasa? ¿Cómo estás?

Y Beto, como lo llama todo el mundo, le contó las razones por las que andaba malhumorado y que quería “largar” su trabajo y conseguir otro “fijo y sin preocupaciones”. Un trabajo que le diera tranquilidad para poder disfrutar de su familia, integrada en ese momento por su mujer y Thiago y Mía, que tenía 1 año.

Alberto siempre tuvo trabajo, pero vivía estresado

El hombre, cuyo nombre no recuerda, le pidió un segundo y anotó en un papel una dirección. “Vos presentate acá, decí que vos que vos venís a buscar trabajo”, le recomendó, sin dar detalles.

Cuando llegó a su casa, mientras le preparaba un mate a su mujer, le contó la historia de esa cara conocida que lo había contenido en ese mal día y le había dado un papelito con una dirección por un trabajo relacionado al transporte, y que se presentara, él que era joven. Beto, en ese momento, admite que se sentía viejo. Lo equivocado que estaba.

Apenas se lo contó a su mujer, le propuso ir en ese mismo momento. Estaba a 10 minutos de su casa y no les costaba nada ir. El lugar, una casa antigua, no tenía identificación. “Me dijeron que están buscando transportistas”, le dijo a un empleado al acercarse al mostrador, con un C.V. en mano. Pero para su sorpresa, mientras había comenzado a volcar sus datos en un papel, le aclararon que el puesto no era para viajes de larga distancia. “Necesitamos gente para trabajar en Aeroparque, abastecer de combustible a los aviones”.

Ese hombre de 35 años que estaba falto de futuro y desmotivado, a los 15 días se encontraba vestido con el uniforme de la empresa, en la puerta del aeropuerto, mirando los aviones y asistiendo a varias formaciones. “De lo que te imagines, ahí te capacitan, como por ejemplo, cómo actuar en una evacuación”. Ese nuevo mundo comenzó a ser suyo. Inesperadamente.

Alberto Villalustre en su nuevo trabajo, con el uniforme de YPF

A casi 10 años de llegar con su papelito en el bolsillo a esa oficina, encontrarse con la oportunidad de “volver a empezar”, Alberto hace un balance, del antes y después.

Dice que en lo económico antes tenía que dividir el dinero que le entraba con “su camioneta” porque siempre algo se rompía y ahora puede disfrutarlo con su familia. Lidiaba con gente que no pagaba, con los cheques voladores que no cobraba. “Fue como resetear, volví a empezar. Yo entré casi terminando el segundo semestre del 2014 y el 2015 lo arranqué queriendo estudiar, queriendo aprender porque la gente me llevaba para ese lado”, asegura. Entre ellos, jefes que no se hacen llamar jefes.

Curioso e inquieto por naturaleza, Alberto empezó a preguntarlo todo mientras trabajaba junto a los aviones en el aeropuerto y terminó embarcándose en la carrera de Seguridad e Higiene, una tecnicatura de tres años, que completó. Y más.

Al poco tiempo de ingresar a la petrolera, Alberto sintió ganas de estudiar y tuvo apoyo para hacerlo. Hoy tiene una licenciatura en Seguridad e Higiene

Para cumplir con este nuevo objetivo el hombre convirtió la cabina del camión “en un escritorio”. Y además, inspiró a otros compañeros, que se recibieron en la misma carrera, como Milton Vera, un empleado de Aerolíneas Argentinas. “Nosotros tenemos un tiempo de espera al lado del avión, dentro de la operación, en ese tiempo aprovechaba estudiar”. Y ese compañero, un coordinador, un día le empezó a hacer preguntas y se terminó enganchando con la misma carrera y se anotó en la UTN.

No conforme el empleado de YPF terminó la licenciatura de la carrera para darle un ejemplo a su hijo y no se detuviera con los estudios. Mientras estaban encerrados por la pandemia, sin entender qué pasaba en la calle le hizo una propuesta: “Vamos anotarnos los dos juntos, vamos a aprovechar todo este tiempo. Él para comercialización y yo para terminar la licenciatura que eran dos años más”. Thiago que ya tiene 21 años le falta solo un año para terminar. Y su mujer docente, que se plegó a la ola de estudio, está por terminar su licenciatura en educación.

—¿Sos consciente del cambio y de lo contagioso que fue? Porque una cosa es contarlo y otra hacerlo con el ejemplo

— No. Me cae la ficha con todo lo que me está pasando ahora.

Alberto se convirtió en un ejemplo para su entorno

— Si del otro lado hay otro hombre, otra mujer, viendo tu historia, a los 36 años sintiendo todo lo que estabas sintiendo, de que ya es grande, que ya no tiene chance de modificar su vida. ¿Qué le dirías?

— Que siga adelante, que no caiga nunca porque es lo peor que te puede pasar. Vos podés pasar por millones de cosas, pero creo que no podés permitirte no levantarte. Hay que seguir, sea lo que sea, porque en algún momento te va a llegar eso que necesitas. En algún momento te va a llegar si lo haces con fe. Hacé lo que tengas que hacer, mostrate, estudiá, destacate, hacé lo que tengas que hacer, pero nunca pasando por encima de alguien. Tu propio crecimiento no depende de que le vaya mal al de al lado, sino que depende solamente de vos.

Fuente: https://www.infobae.com/sociedad/2023/05/28/la-historia-del-fletero-que-sentia-viejo-a-los-35-y-el-papelito-que-le-permitio-resetear-su-vida-e-inspirar-a-otros/?fbclid=IwAR12-Mn7hTDhggNABilwvMY61qhS8zOOXlwuYT-9FDrXzdMyPdbJMllaVfY

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