La ingeniosa estrategia de River Plate

para que los jugadores de Boca Juniors no pusieran nervioso a Borja en el penal que definió el Superclásico.

Agustín Palavecino le pidió la pelota al colombiano para que los jugadores del Xeneize le hablen a él y no busquen distraer al verdadero pateador.

La nueva edición del Superclásico entre River Plate y Boca Juniors iba encaminado a un empate 0-0 en el estadio Monumental. De la nada, un penal sobre Pablo Solari sobre el final rompió completamente la dirección del partido y el Millonario se encontró con la posibilidad de ponerse en ventaja desde los doce pasos. Sin Lucas Beltrán ni Esequiel Barco en el campo de juego, la decisión de quién ejecutaba semejante responsabilidad cayó en los hombros de dos futbolistas.

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El primero en tomar la pelota fue Miguel Borja. El colombiano caminó por las inmediaciones del área grande hasta que se le acercó Agustín Palavecino para decirle unas palabras mientras se tapaba la boca con las dos manos. Automáticamente, el Colibrí le entregó el balón al volante que se acercó a los jugadores del Xeneize que seguían hablando con el árbitro Darío Herrera. Cuando se despejó la zona del punto del penal, el que segundo más tarde desataría el caos le volvió a dar el esférico al delantero para que lo ejecute.

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El movimiento de Palavecino se trata de una táctica que está de moda en los distintos rincones del planeta donde un futbolista toma la pelota para que los oponentes se dediquen a intentar de distraerlo con sus palabras. Una vez que gastaron varios minutos de charla, se cambia de pateador segundos antes de la orden del juez para que el verdadero responsable no haya sido parte del juego psicológico que intentaron aplicar los rivales. En este caso, Agustín fue la mente detrás del engaño.

“Se sentía un poco la responsabilidad que tenía. Se la entregué a Palavecino primero para distraer un poco a ellos y creo que ayudó mucho también”, comenzó detallando Borja. Y agregó sobre Nicolás Valentini que nunca se despegó del colombiano: “Él sabía que lo iba a patear yo. Era el único. Ni el arquero lo sabía. Quería adivinar hacia dónde iba a cobrar, son cosas que pasan en el juego. Lo importante es que se anotó. El Colibrí quedó aplazado para la próxima. Yo simplemente viví mi momento al anotar el gol del triunfo”.

Se trató del cuarto gol del futbolista cafetero en la actual Liga Profesional de Fútbol y el Millonario volvió a demostrar su eficacia desde los doce pasos: convirtió los nueve penales que le cobraron en el campeonato. “Tuvimos las opciones más claras, varios córners que significa que pisamos mucho el campo de ellos, la pelota de Solari que pegó en el palo… Tuvimos opciones y creo que fuimos justos ganadores”, concluyó Borja con una sonrisa en el rostro.

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