¿Cómo detectar señales de autismo en tu bebé? Estos son los comportamientos que debes monitorear durante su desarrollo

En Consulta con el Dr. Huerta

Apr 7, 2023¿Cómo detectar señales de autismo en tu bebé? Estos son algunos comportamientos para monitorear

El autismo es una condición que puede presentarse en 1 de cada 100 niños, según la Organización Mundial de la Salud. Aunque se desconoce su causa u origen, existen señales y comportamientos específicos que pueden indicar a los padres que un niño tiene algún espectro del autismo. En este episodio, el Dr. Elmer Huerta explica de qué se trata la condición y enumera una lista de aspectos a los que los padres deben estar pendientes. El consultorio está abierto, ¡bienvenidos!

El autismo es una condición que puede presentarse en 1 de cada 100 niños, según la Organización Mundial de la Salud. Aunque se desconoce su causa u origen, existen señales y comportamientos específicos que pueden indicar a los padres que un niño está en el espectro autista.

En este episodio, el Dr. Elmer Huerta explica de qué se trata la condición y enumera una lista de aspectos a los que los padres deben estar pendientes. El consultorio está abierto, ¡bienvenidos!

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Hola, bienvenidos a este nuevo episodio de «En consulta con el Dr. Huerta”, tu podcast favorito de salud por CNN en Español. Te saluda el doctor Elmer Huerta, espero que estés bien.

Abril es el mes de toma de conciencia del autismo, una condición relativamente común de la infancia, y en este episodio veremos qué es, cuáles son sus características más comunes y, sobre todo, cuáles son las características del desarrollo infantil que más se afectan en el autismo. Este conocimiento servirá para que los padres de familia puedan reconocer casos tempranos y mejorar la calidad de vida de sus hijos afectados por esta condición.

¿Qué es el autismo?

En la actualidad no se habla de autismo como un trastorno singular, sino de un conjunto de condiciones agrupadas bajo el nombre de desórdenes del espectro autista, las que incluyen condiciones muy leves que permiten una vida independiente —tales como el Asperger— o formas mucho más graves y discapacitantes que requieren cuidados permanentes.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente 1 de cada 100 niños puede tener autismo, y cada caso es diferente, aceptándose que su causa es desconocida, habiendo ya quedado perfectamente demostrado —con múltiples estudios científicos— que la vacunación infantil no es un factor que contribuya a su desarrollo.

Por razones desconocidas, la condición es cuatro veces más frecuente en niños que en niñas y se acepta que las familias que tienen un hijo con trastorno del espectro autista tienen un mayor riesgo de tener otro hijo con la condición.

De acuerdo con su definición estrictamente médica, el trastorno del espectro autista es una condición relacionada con el desarrollo del cerebro, y que afecta el modo en que una persona percibe al mundo que lo rodea, incluyendo a otras personas, lo que causa problemas en la forma en que el niño socializa y la manera en que se comunica con los demás.

El autismo es una condición que no tiene cura conocida, pero que puede beneficiarse de una detección temprana y tratamiento encaminado a mejorar la calidad de vida del niño afectado y sus cuidadores.

Ahora, veamos qué es el autismo y cuáles son las características del desarrollo infantil que más se afectan en los niños que lo tienen.

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¿Cuándo se manifiesta el autismo?

El autismo empieza a manifestarse en los primeros meses de la vida y se sospecha cuando los padres se dan cuenta de que su bebé no sonríe, no es capaz de batir sus manitas para decir adiós o no interactúa con otros niños. Es decir, su bebé no se está desarrollando normalmente desde el punto de vista social y emocional.

Para entender cómo se produce el desarrollo social y emocional, reflexionemos en la importancia que tienen los cinco sentidos en la formación de la relación del bebé con su medio ambiente.

La vista, el olfato, la audición, el tacto y el gusto son los instrumentos que usa progresivamente el bebé para adaptarse al mundo que lo rodea.

En ese sentido, poco a poco y a fuerza de aprendizaje, a través de la vista, el bebé empieza a reconocer el rostro de sus padres o la presencia del perro o gato de la casa; a través del oído aprende a reconocer el sonido de la voz de sus padres, los ladridos o maullidos de las mascotas, el sonido de una radio o televisión prendidas, etc.

Del mismo modo, a través del tacto, el bebé aprende a sentir los abrazos y caricias de sus padres, las diferentes características de las formas, superficies y objetos. Y a través del olfato y gusto aprende a reconocer olores y sabores que lo relacionan con el mundo.

El resultado de esa interacción de los sentidos con el medio ambiente es que el bebé adquiere destrezas que le permiten adaptarse progresivamente al medio que lo rodea.

La identificación de la condición

Ahora, imaginemos que el bebé no desarrolla la capacidad de usar sus sentidos para relacionarse con el mundo, o que pierde las destrezas que ya había ganado en la interpretación de su medio ambiente.

Eso es el autismo: es una condición en la que el niño percibe la realidad de un modo diferente, y en el que las cosas que mira, escucha o siente las percibe como extrañas o amenazadoras, por lo que, en respuesta, se retrae en sí mismo y se aísla de su medio ambiente.

La palabra autismo proviene del prefijo de origen griego “auto”, que significa “uno mismo”. En este caso, el niño con autismo, temeroso e incapaz de interpretar su medio ambiente, prefiere encerrarse en sí mismo, aislándose de los demás.

Una vez entendida la contribución de los sentidos en la adaptación al medio ambiente, debemos saber que el desarrollo de los bebés es progresivo, y los expertos agrupan ese desarrollo en cuatro áreas específicas de desarrollo de destrezas, las que incluyen:

  • Hitos sociales y emocionales;
  • Lenguaje y comunicación;
  • Aprendizaje y desarrollo del pensamiento;
  • Y del desarrollo físico o motor.

Comportamientos asociados al autismo

Sabiendo que cada niño es diferente, y que la interpretación de las alteraciones en el desarrollo de los bebés necesita siempre de un profesional de la salud, veamos cuáles son las que están más comúnmente asociadas al autismo.

En relación con el modo en que el bebé se comunica e interacciona con los demás, puede observarse lo siguiente:

  • A los 9 meses, no responde a su nombre o parece que no te escucha.
  • Se resiste a los abrazos y a ser cargado, pareciendo que prefiere jugar solo, retirándose a su propio mundo.
  • Tiene poco contacto visual y carece de expresión facial.
  • No habla o tiene retraso en el habla, o pierde la capacidad de decir las palabras o frases que ya decía.
  • No puede iniciar una conversación o mantenerla, o solo la comienza para pedir algo.
  • Habla con un tono o ritmo diferente, pudiendo usar un habla similar a la de un robot.
  • Repite palabras o frases palabra por palabra, pero no entiende cómo usarlas o combinarlas.
  • No parece entender preguntas o instrucciones sencillas.
  • A los 9 meses, no expresa emociones o sentimientos, pareciendo no darse cuenta de los sentimientos de los demás.
  • No señala ni busca objetos que le interesen.
  • Interactúa con pasividad, agresividad o es disruptivo en su comportamiento.

Actividades relacionadas a la condición

Por otro lado, en lo que se refiere a sus patrones de comportamiento, el niño puede mostrar intereses o actividades limitadas y repetitivas, tales como las siguientes:

  • Realiza movimientos repetitivos, como mecerse, girar o agitar las manos.
  • Realiza actividades que podrían causarle daño a sí mismo, como morderse o golpearse la cabeza.
  • Desarrolla rutinas o rituales específicos y repetitivos, alterándose al menor cambio de ellas.
  • Muestra problemas de coordinación o tiene patrones de movimiento extraños, tales como torpeza al caminar o caminar de puntillas, mostrando un lenguaje corporal extraño, rígido o exagerado.
  • Muestra fascinación por los detalles de un objeto, tales como las ruedas giratorias de un carro de juguete, pero no comprende el propósito general o la función del objeto en su conjunto.
  • Es inusualmente sensible a la luz, el sonido o el tacto, pero puede ser indiferente al dolor o la temperatura.
  • No se involucra en juegos de imitación o fantasía.
  • Se fija con exagerada intensidad en un objeto o actividad.
  • Tiene preferencias alimenticias específicas, como comer solo unos pocos alimentos o rechazar alimentos con cierta textura.
  • No juega juegos interactivos simples como “palmaditas” a los 12 meses.
  • Usa pocos o ningún gesto al año (por ejemplo, no dice adiós con la mano).
  • No comparte intereses con otras personas al año y medio.
  • No apunta a mostrar algo interesante al año y medio.
  • No se da cuenta cuando otros están heridos o molestos a los 2 años.
  • No se da cuenta de la presencia de otros niños y no se une a jugar con ellos a los 3 años.
  • No pretende ser otra cosa, como un maestro o un superhéroe, durante el juego a los 4 años.
  • No canta, baila ni actúa a los 5 años.

Otros comportamientos a observar

También pueden presentar comportamientos e intereses restringidos o repetitivos tales como estos:

  • Alinea juguetes u otros objetos y se molesta cuando se le cambia el orden.
  • Usa palabras o frases repitiéndolas una y otra vez (eso se llama ecolalia).
  • Juega siempre del mismo modo con sus juguetes.
  • Se enfoca con demasiada atención en ciertas partes de objetos (por ejemplo, solo en las ruedas)
  • Se molesta por cambios menores en su rutina o su espacio.
  • Tiene intereses obsesivos.
  • Debe seguir siempre ciertas rutinas.
  • Bate las manos, balancea el cuerpo o gira en círculos de manera repetitiva.
  • Tiene reacciones inusuales a la forma en que las cosas suenan, huelen, saben, se ven o se sienten.

En resumen, conocer los hitos de desarrollo del bebé y reconocer temprano los signos que pueden indicar un autismo precoz es muy importante para buscar ayuda profesional y modificar el curso de la condición con intervenciones psicosociales basadas en evidencias científicas.

A pesar de que la condición del espectro autista no tiene cura, ni tampoco —lamentablemente— prevención, se acepta que el inicio temprano de una terapia de comportamiento basada en evidencia científica puede mejorar las aptitudes sociales y de comunicación del niño, lográndose un impacto positivo en su bienestar y calidad de vida, así como en la de sus cuidadores.

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