2 de abril. No es una fecha más.

Hoy no es un día más. No puede serlo.
Hoy caminé hasta el Monumento a los Caídos en Malvinas en el partido de Vicente López. Y no fui como espectador, fui como argentino, fui como alguien que entiende que hay cosas que no se negocian: La Memoria, El Respeto y La Verdad. Porque Malvinas no es un relato cómodo. Es una herida abierta, que nos obliga a estar a la altura de su coraje.
Ahí estuvieron ellos, con frío, con miedo, con hambre, pero también con algo que hoy escasea, sentido de pertenencia en defensa de nuestro territorio.
No eligieron el contexto, no eligieron la decisión política, pero sí eligieron, cada uno a su manera y como pudieron, cómo pararse frente a lo que les tocó vivir. Y eso merece más que aplausos una vez al año. Merece memoria activa, respeto sin especulación.
Porque si algo tenemos que aprender de Malvinas es que una sociedad que no recuerda y no tiene presente su historia, la repite mal. La usa para beneficio de pocos y termina perdiendo lo más importante, el sentido.
Hoy no vine a repetir consignas. Vine a hacerme cargo y a recordar que detrás de cada nombre hay una historia que no volvió y otras que volvieron distintas, marcadas para siempre.
Y también quiero decir algo incómodo, pero muy necesario, no alcanza con homenajearlos hay que estar a la altura de lo que ellos representaron. Porque Malvinas no necesita que gritemos consignas necesita que la entendamos y respetemos.
Que no se nos vuelva a escapar la Argentina mientras discutimos versiones.
Las Malvinas son Argentinas y los Héroes de Malvinas nuestras Historia.
Viva la Patria

