
Rosario reclamó durante décadas el derecho a decidir sobre sus propios asuntos. Esa espera terminó. La autonomía ya está declarada y, con ella, empieza una discusión que marcará el futuro de la ciudad: la de su primera Carta Orgánica. En 2027 se elegirán los 28 convencionales que van a redactarla y, desde ahora, corresponde pensar cómo llegar a ese momento.
Thank you for reading this post, don't forget to subscribe!La ciudad llega con una realidad distinta. Durante años la violencia condicionó la vida cotidiana. El miedo afectó a las familias, al trabajo e incluso a la posibilidad de pensar en el futuro. Hoy, gracias a las políticas de seguridad que nos permitieron recuperar la calma, Rosario vuelve a hacer planes, mirando el mediano y el largo plazo con otra expectativa.
Ya no somos esa ciudad que algunos dictaminaban destinada al fracaso. Por el contrario, somos una ciudad que recupera su actividad, su ritmo y la vitalidad que la caracteriza.
La seguridad es la condición para que un comercio abra sus puertas, las escuelas den clases y los espacios públicos vuelvan a usarse con confianza. Y eso se nota.
La Carta Orgánica
Una Carta Orgánica es una suerte de Constitución de la ciudad. Es un acuerdo a largo plazo que establece los marcos para planificar esa ciudad que viene y para definir las reglas, las responsabilidades y los mecanismos de control y participación que necesita. Pero un texto así no se escribe de espaldas a la gente. Una carta escrita a puertas cerradas no representa a nadie.
Por eso la pregunta central no es tanto qué dirá la Carta Orgánica sino a quién se va a escuchar para escribirla. La respuesta es sencilla: tenemos que conversar con quienes hacen ciudad todos los días. Gente que produce, que invierte, que investiga, que emprende, que trabaja a diario en organizaciones e instituciones. Personas con miradas y experiencias distintas, y muchas ganas de aportar. Saber qué les ayuda a avanzar y qué proponen cambiar es el insumo más valioso para redactar las nuevas reglas.
Ese fue el sentido del primer encuentro del ciclo “La Rosario que viene. Conversaciones de una ciudad autónoma”, que desarrollamos junto al intendente Pablo Javkin y con el apoyo técnico del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), en el que participaron más de 200 referentes. Cada uno, desde su lugar, aportó a pensar juntos en nuestro futuro compartido.
Esa escucha tiene un destino concreto: previsibilidad para quien invierte, claridad para quien necesita un servicio y controles para que se cumpla lo acordado.
Un contrato a largo plazo que sobreviva a cualquier gestión y a cualquier gobierno. Porque el mundo cambia rápido: la tecnología transforma los empleos, la población envejece y necesita más cuidados, el clima exige nuevas respuestas. Una ciudad preparada es la que se anticipa para que esos cambios no dejen a nadie afuera.
También hace falta que la discusión se abra a más voces. El desafío es que los estatuyentes sean lo más diversos posible y que mucha gente se anime a presentarse, porque la Carta Orgánica tiene que ser el resultado de un acuerdo social amplio.
Cuanto más plural sea el proceso, más legitimidad tendrá el texto y más difícil será que se rompa con el primer cambio de viento.
“Rosario no parte de cero”
Rosario no parte de cero. Quienes viven y trabajan en la ciudad se conocen, han debatido y se pusieron de acuerdo muchas veces, y otras tuvieron miradas distintas. Pero el camino recorrido enseñó que, para que el juego continúe, la pelota tiene que mantenerse dentro de la cancha. Conocerse reduce tiempos y costos, y da previsibilidad.
Rosario ya es mayor de edad y no tiene por qué seguir pidiendo permiso para todo. Pero esa mayoría de edad se demuestra con responsabilidad: con la capacidad de ponerse de acuerdo y de sostener lo pactado.
Todo eso empieza por escuchar. Que la seguridad recuperada se convierta en desarrollo, que la confianza se traduzca en inversión y trabajo y que la Rosario que viene se construya con quienes la sostienen cada día.
